Agenda y despacho
Cada técnico con su color, cada trabajo con su estado. Trabajos de varios días con su cuadrilla por día — y si alguien ya está ocupado, la agenda te lo dice antes de que choque con otra OT programada.
Solo para refrigeración y aire acondicionado
Del «está caliente» que dice el cliente al informe firmado en sitio: órdenes de trabajo, agenda de técnicos, inventario y cotizaciones en una sola plataforma — en la oficina y en el teléfono del técnico, que abre con señal y termina sin ella.
No es una plataforma de servicios «para cualquier oficio» con un campo de notas. Calcula sobrecalentamiento y subenfriamiento con tablas de refrigerante reales, trabaja en PSI o bar, y trae el catálogo de códigos de error de más de cuarenta marcas. Eso no se configura: se construye sabiendo el oficio.
Hecho por gente que trabaja en el techo, no solo en el escritorio. En el teléfono que ya tiene tu gente: Android y iPhone.
El cliente llama y alguien lo anota en un cuaderno, o en el calendario. Nadie le hace seguimiento. El técnico se entera por WhatsApp. Se compra el repuesto, se repara — y luego te enteras de que ese mismo repuesto lo tenías en tu depósito. Las fotos quedan sueltas en un teléfono, y veinte días después alguien pregunta dónde están las del trabajo del martes. Cada trabajo sale. Pero nadie sabe cuánto costó de verdad. Eso es lo que esta plataforma elimina.
Cada módulo existe porque un día hizo falta en un trabajo real.
Cada técnico con su color, cada trabajo con su estado. Trabajos de varios días con su cuadrilla por día — y si alguien ya está ocupado, la agenda te lo dice antes de que choque con otra OT programada.
El cliente llama: «son las 9:05 y no ha llegado nadie». Miras el mapa y contestas con la verdad: va en camino, y desde cuándo.
Nacen de una llamada, viajan al teléfono del técnico y vuelven con lecturas, fotos, materiales y la firma del cliente. Una orden, una historia completa.
Presiones y temperaturas con tablas de refrigerante reales: sobrecalentamiento y subenfriamiento calculados al momento, en las unidades con las que trabaja tu gente — PSI o bar, °C o °F.
De la bodega al vehículo del técnico con aceptación de por medio: quién envió, quién recibió y cuánto llegó. El material en tránsito deja de ser tierra de nadie.
El trabajo ya valorado se convierte en cotización con un botón. Los repuestos comprados en campo registran lo que costaron y lo que se cobran.
Un adhesivo con el nombre y teléfono de tu empresa pegado a la máquina. El cliente lo escanea con la cámara y ve qué equipo es y cuándo se le hizo servicio — sin crear cuenta ni recordar contraseñas. Y tu técnico, al llegar a una azotea con doce condensadoras iguales, sabe cuál es la que hay que atender.
Los mantenimientos por contrato se programan solos. Del otro lado, la cartera por antigüedad: quién te debe, desde cuándo, y a quién hay que llamar hoy.
Si le prometiste a una franquicia cuatro horas de respuesta, el reloj corre — en horario hábil, y se para cuando la pelota está del lado del cliente. Y solo para los clientes a los que se lo prometiste: a los demás no se les mide nada.
Horas de cada técnico y ayudante a su tarifa, materiales al costo congelado del día, gastos de campo con su origen. Sabes qué dejó cada orden, no lo que parece que dejó.
La agenda de la oficina y el teléfono del técnico, tal como trabajan.
El fondo dice el estado del trabajo; la franja y las iniciales dicen de quién es. El trabajo de tres días lleva su gente por día: el jueves Johan queda libre — y la agenda lo sabe.
La plataforma avisa cuando un repuesto puede estar cobrado dos veces — el error que en un cuaderno nadie ve. Y lo comprado en campo dice lo que costó y lo que se cobra, así que cada orden enseña lo que de verdad deja.
El técnico abre la aplicación con cobertura y el trabajo del día se le queda guardado en el teléfono. A partir de ahí, aunque baje a un cuarto de máquinas sin una raya: las lecturas se toman, las fotos se guardan, el cliente firma — y todo sube solo cuando vuelve la señal.
Capturas reales, no maquetas: el tablero del día, el historial de órdenes cerradas y los hallazgos esperando decisión.
HVAC Assist
La máquina muestra un código y empieza la adivinanza: llamar al que sabe, buscar el manual, o cambiar la pieza más probable y volver el martes. HVAC Assist es ese compañero veterano, dentro del teléfono. Busca el código y te dice qué significa en esa marca. Y cuando el código apunta a un sensor, la misma herramienta te dice si el sensor está bueno.
«El aire del piso 4 está caliente.» La oficina crea la orden en un minuto: cliente, sede, prioridad, y a la bandeja de despacho.
La orden cae en la agenda del técnico y le suena el teléfono. En sitio: lecturas, fotos, repuestos y la firma del cliente — y sigue funcionando aunque ahí dentro no haya señal.
El cliente recibe su informe en PDF. La oficina ve las horas, los materiales y el costo real. Y si quedó trabajo por hacer, ya está cotizado.
En Android y en iPhone. Tus técnicos usan el teléfono que ya tienen — no hay que comprar equipos ni obligar a nadie a cambiarse de marca. Las mejoras llegan solas a los dos, sin reinstalar nada. El seguimiento de ubicación en vivo reporta hoy desde Android; todo lo demás funciona igual en ambos.
No. Clientes, equipos e inventario se cargan desde una hoja de Excel, y si vuelves a subir el archivo corregido no se duplica nada: actualiza lo que ya está. Lo que casi nadie tiene en una hoja son los equipos con su placa, y eso se va llenando en las primeras visitas — el técnico le toma la foto a la placa desde el teléfono.
Una base por el uso de la plataforma, que incluye al administrador, y de ahí en adelante un importe por cada técnico. Así una empresa de tres no paga lo de una de treinta. El número se conversa en la demostración, cuando ya sabemos de qué tamaño es tu operación.
No emite facturas fiscales ni reemplaza tu contabilidad. Te dice qué cobrar, quién te debe y desde cuándo — pero la factura timbrada la sigues haciendo donde la haces hoy. Tampoco es un sistema de nómina.
Sí. La moneda, el impuesto y las unidades los decide cada empresa: se trabaja en PSI o bar, °C o °F, y el porcentaje de impuesto lo pones tú — no viene fijado por ningún país.
Sigue trabajando, con un matiz que conviene decir claro: el trabajo del día hay que cargarlo con cobertura. Hecho eso, queda guardado en el teléfono y ya da igual la señal — las lecturas se toman, las fotos se guardan, el cliente firma, y todo sube solo cuando vuelve. En la práctica es abrir la aplicación antes de bajar al sótano, no en mitad de él.
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